sábado, 29 de agosto de 2009

escrito instantáneo

No es la primera vez que charlamos con vos una crisis. Esta vez es más fuerte y voy a tratar de ser desordenado pero (para) no olvidarme nada. Estoy triste, sin duda, pero siempre cada tanto me supe sentir así y aguanté. Estoy sobre la línea que separa lo soportable de lo insoportable y otra vez aquí es mi cabeza la única que puede salvarme (de mi cabeza o de lo todo mismo en persona).
Fue para mí una vacación divina. Anduve por la calle como nunca antes, lloré más aún de lo que pensaba seguir llorando y también lo disfruté como nada antes y como nada después.

He aquí mi manifiesto y mi única (ÚNICA) certeza, hoy: gusté por no ser normal, dejé de gustar por no ser normal, y he de ser reconocido en cada golpe por no ser alguien normal. Así fijo mi estilo para siempre y reivindico la locura que me lleva:


Emilia, toda persona que me vea caminando por la calle y sepa hablarme se irá a dormir sabiendo que soy un pedazo de lo que aprendí con vos y que por eso así te quiero.




aparte,

Busco a partir de ahora algo que para no enloquecer en el intento de llamarlo de algún modo le diré felicidad, usada o nueva-.



chau
estoy divagando o y no me estoy sintiendo cómodo así que se acaba aquí

4 comentarios:

GonzalitoVilachan dijo...

Pasé.

Digo, en estado de nula reflexión pero impresión pura causada por este texto -y a modo de consejo de amigo y compañero sindical- que tenés que dedicar tu escritura a la prosa y cortarla con las cancioncitas.
El mejunje sentimental -complejo, imagino- y los motivos personales que te han llevado a redactar esto -que desconozco, pero también imagino- me sugieren que debo ser prudente en lo que escriba acá, y que quizá sea más conveniente que charlemos como Dios manda. Me limito a decir que eso que buscás (usado o nuevo) y no sabés cómo llamar, no sé si es algo que sea conveniente buscar: no es ni siquiera un estado. Es algo que se busca bajo la creencia de que no se lo tiene o se lo olvida bajo la creencia de que no importa (es decir, cuando se lo tiene).
Hay que ver lo que se dice cuando se dice felicidad (yo no creo en la felicidad), pero (sí) creo que no es algo que se busca, un lugar al que se llega. La vida misma se desenvuelve, no se estanca. La tensión surge cuando se pretende congelar la sensación de algún instante y reproducirla ilimitadas veces, hasta el fin de nuestros días.


Estar triste (la vida misma) es un proceso: de los procesos que se curan (se alivian, al menos) caminando, fumando, charlando, tomando vino tinto, trabajando en el vivero y tocando la guitarra.

Veamonós, un día, si te parece.

Pd: En lo tocante a la normalidad/no normalidad de las personas y la desición de ser/no ser(lo) como un mero acto de libre albedrío, me reservo para mí mis pensamientos.

Pd2: el reloj me dice que me llevó 17 minutos escribir esto, creo que deberías al menos centuplicar esa cifra y dedicar el tiempo resultante a pensarlo, si es que podés sacar alguna idea.

ojo dijo...

La vida siempre continúa...

Pedro. dijo...

qué suerte que dios figure con mayúscula en tu texto, caso contrario se va a terminar desquitando con vos como lo hace conmigo, el turro.

GonzalitoVilachan dijo...

Y aún así seguís con tu obstinación de atribuirle la minúscula. Así no lo hacemos los cristianos.

Nos vemos hoy.